EL HUMOR, LA MEJOR ARMA CONTRA LA CAMPAÑA DE MENTIRAS

El candidato de la Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, puso una vez más en juego su espectacular avance electoral, el lunes, en una inédita manifestación como fue la de recorrer parte de la región parisina a bordo de una gabarra, marcando una media docena de etapas en las que dialogó directamente y, por momentos, en improvisados intercambios con los asistentes.
Mélenchon desarrolló en las diversas etapas de su recorrido las grandes ideas en las que se inspira el programa de la Francia insumisa, identificadas con el lema de la República, sin dejar de replicar, una vez más y de manera irónica, a los ataques de sus adversarios políticos, multiplicados en los últimos días en la medida que ha quedado de manifiesto la dinámica de su campaña.
Mélenchon demostró también cómo las ideas contenidas en el programa El futuro común han echado raíces y cómo su figura de líder se ha impuesto, en un delicado y riesgoso ejercicio político, como fue la de entablar en cada una de las etapas, desde el popular suburbio del noreste hasta la culminación frente a la Biblioteca Nacional, diálogos sin preparación previa y sólo a medida que se producían.


Ejercicio delicado, pues en la medida que los que participaban en los encuentros, no necesariamente eran adherentes a su campaña, esto podía provocar situaciones o cuestionamientos controvertidos, fácilmente aprovechables por los adversarios del candidato insumiso.
El candidato de la Francia Insumisa aprovechó el contexto de las etapas para desarrollar, en su tradicional estilo didáctico, los temas que forman las bases ideológicas del programa.
Así, por ejemplo, en una de las etapas, ya al interior del límite comunal de París, se refirió a los preparativos que en dicho barrio se efectuaron en víspera de la toma de la Bastilla, el 14 de julio de 1789.
A partir de ese contexto, Mélenchon mostró el profundo arraigo de la Francia Insumisa en toda la tradición histórica revolucionaria y donde la cultura ha sido el vector de transmisión.
“Porque al mirar la Historia, siempre encontramos la huella profunda de la revolución que está en nosotros, porque lo hemos visto en los libros, lo hemos escuchado, de nuestros padres, en la escuela, en las canciones y la música, todo lo cual ha creado eso que arde al interior de nosotros, que se llama la insumisión”, manifestó.
“Si ustedes se han puesto en movimiento, es porque tenemos algo en común con lo más profundo de la historia”, recalcó.
Jean-Luc Mélenchon rindió homenaje de los principios que constituyen el lema de la República Francesa – “de los cuales, hay que reconocerlo, no siempre hemos sido dignos” – que, según relató, hacían la admiración de algunos de sus amigos de otros países que consideraban una suerte el que Francia tuviese una devisa revolucionaria.
“¿Cuál es?”, preguntó ante la multitud, que le respondió en coro : “!Libertad, Igualdad, Fraternidad”¡
“Tal es un programa revolucionario”, comentó en seguida. “La República, más allá de las malas maneras que ha podido cometer en sus peores momentos, sigue siendo una idea por encima de todas las instituciones transitorias, porque es el bien común, es la universalidad común liberada de todas las trabas. Tal es el espíritu republicano, que será siempre un espíritu revolucionario.
Los aplausos que provocaron las palabras de Mélenchon fueron acompañados en esta ocasión por “yuyús”, el grito del fondo de la garganta coreado por las mujeres del norte del África cuando expresan su aprobación o celebran un gran acontecimiento.
“También el yuyú es ahora francés”, comentó sonriente. « Esa es la integración, ahora aquí todo el mundo come cuscús (plato tradicional del Maghreb). Felizmente, Francia es así y no tiene ganas de ser de otra manera”, declaró en desafiante alusión a las campañas xenófobas y racistas de la derecha y la ultraderecha.
“Eso se llama fraternidad, lo que debería figurar en primer lugar, porque cuando hay fraternidad hay libertad e igualdad”, insistió.
Mélenchon hizo una vez más apología de la libertad, sobre todo como respuesta a la esclavitud que representa el apego y la codicia del dinero y los bienes materiales.
A este respecto, recordó la leyenda que cuenta que un filósofo griego del siglo IV antes de nuestra era – Diógenes - , fue interpelado por Alejandro Magno que impresionado por la pobreza del sabio y, haciendo gala de todo su poder y magnificencia, le ofreció regalarle todo lo que pidiese. “Sólo pido que hagas un lado porque me tapas el sol”, habría sido la respuesta del filósofo.
“Son los poderosos los que se equivocan siempre”, comentó, “porque piensan que todos están tan obsesionados por las riquezas como ellos, cuando lo único que pide la gente es una parte de felicidad frente a los que le amargan la existencia,”, dijo, repitiendo luego una vez más la sentencia de Etienne de la Boétie : “Los tiranos nos parecen grandes, sólo cuando estamos de rodillas”
Demostrando cómo el sistema capitalista se asentaba sobre el miedo : miedo a perder el empleo, miedo al futuro, etc, Mélenchon ironizó sobre el hecho que parecía ser que el miedo se trasladaba a los poderosos, frente al avance y la dinámica del movimiento popular.
Como ejemplo de esta situación, se refirió a la campaña de intoxicación y de mentiras lanzadas desde hace dos semanas, a partir del momento en que quedó en evidencia que el candidato de la Francia Insumisa se había convertido en un postulante con las más serias posibilidades de victoria en las elecciones.
Evocando actitudes semejantes del pasado y mensajes cuya ridiculez ahora no deja ninguna duda, como fue entonces, en 1981, la futura invasión de tanques soviéticos en caso de victoria del candidato de la izquierda, Jean-Luc Mélenchon, llamó a combatir estas tentativas desesperadas de la derecha, usando, lo que dijo es la menor de las armas : el humor.
“La mejor respuesta a la ofensa que representa el hecho que nos consideren como si fuésemos imbéciles, tratando de atiborrarnos la cabeza, es el humor y la sorna”, comenzó diciendo. “Ríanse en sus caras”, añadió.


“Hay que burlarse de ellos para llevar siempre con nosotros esa fuerza del entusiasmo que nos permitirá echar abajo todos los muros y entrar en el sol de la acción mayoritaria de un pueblo, que decide tomar el control de su destino y que envía una señal que será entendida por la tierra entera, porque somos la Francia de la revolución”.