HAY QUE CAMBIAR EL MODO DE PRODUCIR, CONSUMIR Y REPARTIR

Tauernwindpark
Crédits photo : Kwerdenker

“Hemos llegado a un momento en que la transformación a la que debemos proceder es una transformación global, en que no bastará transformar los modos de producción, hay que transformar la manera de consumir y para eso hay que repartir de manera diferente lo necesario para vivir entre todos”.
El candidato presidencial Jean-Luc Mélenchon resumió así, uno de los puntos esenciales del programa de la Francia Insumisa, “El Futuro común”, durante la Jornada de la Ecología que tuvo lugar el sábado, en el Parque Floral de Vincennes, en la periferia de Paris.
“No construiremos nunca más con la idea de una ruptura con la naturaleza para construir nuestra emancipación”, dijo. Refiriéndose en seguida al símbolo de la Francia Insumisa – la letra griega FI – explicó : “es el símbolo de la reconquista de la armonía entre la naturaleza y los seres humanos”.
El candidato de la Francia Insumisa analizó los diversos aspectos de su programa sobre la base de la transición ecológica, como punto de referencia en torno al cual se articula la economía, en estrecha relación con lo político y lo social, contenido en el nuevo modelo de sociedad que se propone en el documento.
En una intervención fuertemente marcada, como es su costumbre, por el aspecto didáctico de la exposición, Jean-Luc Mélenchon se refirió a la noción de Antropoceno, explicada en detalle en uno de sus ensayos “La Era del Pueblo”, donde se refiere al cambio del ecosistema determinado por la acción del ser humano.
En su exposición sobre el tema, Mélenchon se hizo un deber en explicar que no era la sola presencia humana por sí misma sobre la tierra, la que determinada este cambio sobre el ecosistema, sino la elección de un modo determinado de civilización y, en el caso actual, el desarrollo del capitalismo y su característica principal que es la acumulación y por sobre todo, la acumulación del trabajo gratuito.
“El capitalismo se construyó en cada época sobre la base de la acumulación y de la apropiación del trabajo gratuito de la gente. La esclavitud jugó un papel central en la primera fase de acumulación capitalista porque fue la apropiación del trabajo gratuito o semi-gratuito de los esclavos y, así,  sin cesar, siempre, tratando de pagar a la gente mucho menos que el valor de lo producido”, explicó.
Luego de un recuento histórico en el que hizo una descripción de cómo la acción humana había significado un impacto para la naturaleza, el candidato de la Francia Insumisa explicó cómo, a partir de los años 1950, la acumulación capitalista se había desarrollado de manera desenfrenada hasta establecer el modelo actual.
“Desde los años 50 se produce una vertiginosa acumulación capitalista hasta el nivel que todos conocen hoy, en que miles de millones circulan en la burbuja financiera, a pesar de  que no corresponden a ninguna producción, pero que sin embargo dominan toda la producción del mundo”.
Reconociendo un error de apreciación o de análisis del pensamiento progresista, en que se relacionó el bienestar humano con el productivismo, Melenchon apuntó a la necesidad de un nuevo modelo radicalmente diferente.
“Durante largo tiempo la ideología del progreso estuvo enceguecida por la técnica. Se pensaba que por esencia, todo lo técnico estaba bien. Se confundía el desarrollo de la sociedad, el mejoramiento de la condición humana, con el desarrollo de las fuerzas productivas. Se pensaba que así se resolverían los problemas de la humanidad.
“Hay que ir hacia otra idea”, sentenció.
Precisamente, a propósito de esta idea diferente, Mélenchon desarrolló una tesis que ha presentado en varias ocasiones y que, tal como la presenta, en un principio, casi siempre provoca asombro, pero que según lo va demostrando está estrechamente ligada con el modo de producción y de consumo.
Según el candidato de la Francia Insumisa uno de los aspectos por los que comienza la humanización de la sociedad es la comida.
“Porque según lo que se elige comer (aún si tenéis la posibilidad de elegir), significa el modelo de sociedad que se va a adoptar. Y toda la cuestión está allí, es decir en el hecho de poder elegir o de someterse a modelo que es impuesto”, indicó.
Mélenchon relató cómo la cuestión de la alimentación y la calidad de ésta habían sido aspectos esenciales durante toda la civilización humana, determinados por tal o cual modelo de sociedad como puede ser el ahora capitalismo.
“El capitalismo de nuestra época entró en nuestros cuerpos ; es él quien nos ha dicho y nos ha enseñado a decir que esto es bueno porque es dulce o no. Es él que nos ha enseñado a beber cosas que nunca antes se habría podido imaginar podían beberse, porque se utilizaban para limpiar.”, comentó con ironía.
El candidato de la Francia Insumisa describió el ejemplo de uno de los productos franceses más connotados, como es el vino, en cuya elaboración se utilizan métodos artificiales para aumentar el sabor, que en otras épocas habrían sido condenados severamente, pero que ahora se emplean habitualmente, con una sola y única finalidad cual es el beneficio económico inmediato.
“Es así como se transforma en un sistema cultural lo que está en nuestras papilas, en el gusto, en la manera de ser, sin que uno se dé cuenta. El capitalismo entró así en los cuerpos y en los espíritus”, aseveró.
No obstante, destacó que a pesar de todo, a esta situación no podía restársele su importancia como factor generador de cambio . “Porque si hay millones de personas que en un momento comienzan a manifestarse contra el sistema que les obliga a vivir en condiciones donde deben sufrir enfermedades, como la obesidad, la diabetes o el cáncer, esto significará una toma de conciencia revolucionaria y ecológica”, manifestó.
Frente a esta situación y como respuesta a esta dominación del capitalismo sobre hechos culturales y de sociedad tan personales como puede ser el gusto por tal o cual alimento o bebida, Jean-Luc Mélenchon abordó el tema de la transformación del modo de la producción agrícola, condenando la explotación industrial que, según dijo, genera excedentes a bajo precio, los que a través de la exportación van a destruir la agricultura de otros países y “solo producen enormes subvenciones de la Unión Europea”para los que la practican.
Mélenchon destacó que un nuevo modo de producción agrícola, con predominancia del carácter biológico y de dimensiones humanas, significaba necesariamente un aumento de la utilización de mano de obra especializada y por lo tanto de una exigencia técnica mayor, implicando un desarrollo de la enseñanza para los jóvenes en este sector.
Del mismo modo y como resultado, un mejoramiento de la calidad de los productos, una distribución local y en circuitos cortos evitando los costos ecológicos del transporte, una posibilidad de vivir bien y en buenas condiciones para los agricultores, todo lo cual compensaría con creces el aumento relativo de los precios.
Resumiendo todos estos aspectos, Jean-Luc Melenchon reiteró aún en la relación indisociable entre una distribución de la riqueza diferente a la impuesta por el modelo capitalista y la revolución que implica la transición ecológica.
“La batalla ecológica contiene la batalla por la repartición diferente de la producción de la riqueza entre el capital y el trabajo. No se puede tener una política ecológica si no se comprende la necesidad de una política anticapitalista que debemos llevar a cabo. La acumulación y una política ecológica responsable, de cualquier manera es imposible” declaró.
“¡Vamos a terminar con la idea que hay que consumir y tirar, consumir y tirar, toda vuestra vida, y el que las personas deben ser definidas no por sus actos, sus sentimientos y sus creaciones, sino por lo que consumen, por lo que poseen. Porque el consumo ostentoso es el máximo ideal que el capitalismo puede proponer en nuestra época ! “, sentenció.